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Testimonio de
Monseñor Tomasz Peta,
Arzobispo metropolitano
de Astana, Kazakistán
Kazakistán, un país de muchos
sufrimientos
y el Centro de reuniones de la Señora de todos los Pueblos
Queridos hermanos en el Episcopado,
queridos organizadores de esta Jornada de Oración
queridos peregrinos:
Kazakistán es el noveno país más
grande del mundo (tiene dos millones setecientos mil kilómetros cuadrados).
Se halla situado entre China y el mar Caspio. Es 65 veces más grande
que Holanda. Una parte de Kazakistán forma parte de Europa.
Kazakistán ha sido en el pasado un país
de muchos sufrimientos, empapado de sangre y lágrimas de mártires.
En las décadas de los años 30 y 40, muchas personas de diferentes
naciones y religiones fueron deportadas a las inmensas estepas de Kazakistán,
entre las que había también católicos. En esas difíciles
condiciones de vida, sin asistencia alguna sacerdotal, no les quedaba más
esperanza que sólo Dios. Se agarraron a la única “arma”
posible, la oración, sobre todo al Rosario. El Rosario sustituía
la Misa, los Sacramentos, los Sacerdotes y la vida de la Iglesia. En un canto
a la Virgen, compuesto después de la liberación, cantamos: “En
la estepa de Kazakistán me abrieron las puertas y con el rosario en mano
me salieron al encuentro.”
Por eso se pueden inmaginar la alegría con que
hemos acogido en Kazakistán el anuncio del “Año del Rosario”
proclamado por Juan Pablo II.
Un signo de la Divina Providencia y de la presencia
de la Stms. Virgen es el santuario de la Reina de la Paz en Osórnoye;
lo llamamos “el santuario más pequeño del mundo”.
Ese pueblo, que ahora es de unos 600 habitantes, surgió en 1936, formado
por católicos deportados de Ucrania. El 25 de Marzo de 1941, cerca del
pueblo, de la nieve que se derretía se formó un lago de unos 5
kilómetros de longitud, que en tres días se llenó de peces.
Durante la guerra, cuando mandaban todos los víveres al frente, Dios
salvó así la vida a muchas personas, que carecían de todo.
Entre 1990 y 1993, los abitantes de Osórnoye
construyeron una iglesia dedicada a María, “Reina de la Paz”,
como sugirió el sacerdote holandés Padre Nico Hoogland. El mismo
consiguió una hermosa imagen de la Virgen para la iglesia. Y fue
precisamente en Osórnoye, donde el Obispo, Monseñor Jan Pawel
Lenga, ha puesto el Kazakistán y todo el Asia Central bajo la protección
de la Reina de la Paz. Cada año el Obispo renueva esa consagración.
Hace dos años el Papa Juan Pablo II ha renovado personalmente esa consagración
en la capital, junto con todos los Obispos y sacerdotes de nuestro país,
visitando espiritualmente Osórnoye. En esa ocasión ha designado
Osórnoye como el “Santuario Nacional de Kazakistán”.
Es un hermoso ejemplo de cómo Dios escucha la oración y la confianza
en Él.
También hemos de añadir que en el lugar
en donde ocurrió “la multiplicación de los peces”
en 1941, hoy está colocada una estatua de la Virgen María, que
tiene en las manos una red llena de peces. A 12 kilómetros de la iglesia,
en la colina “Achimbettau”, se levanta una gran cruz. Se puede decir
que está en el centro del continente Euroasiático, indicando al
este y al oeste, respectivamente, Hiroshima y Fátima.
En Astana, la capital de Kazakistán, estamos
preparando un Centro de reuniones, llamado “Madre de todos los Pueblos”.
Está al lado de la primera iglesia católica de la ciudad, que
se hizo en 1979, todavía durante el periodo de opresión, como
una simple casa. Ese centro de encuentros, la casa “Madre de todos los
Pueblos”, hace eco a las apariciones de Amsterdam y también a las
palabras del Papa, que durante la Misa en Astana, el 23 de Septiembre del 2001,
ante de una multitud de personas de diferentes culturas y religiones, puso de
relieve que “María es la Madre de todos, de igual manera que su
Hijo murió en la cruz por todos”.
En la casa de reuniones “Madre de todos los Pueblos” está
la gran cruz de 13 metros de altura y la “yurta” (o sea, la tienda
de los nómadas cosacos), usadas por el Papa durante la Santa Misa y que
recuerdan su visita a Astana. El nombre de la casa “Madre de todos los
Pueblos” adquiere un significado especial en Kazakistán, pues en
nuestro país viven personas de más de 120 naciones ¡ Sí,
120 distintas nacionalidades!
Gentes de distintas religiones y de muchas tribus viven
en Kazakistán en paz y armonía. Pensamos que, sin duda, esa convivencia
pacífica sea también fruto de los sufrimientos de tantos mártires.
Una cosa me llama la atención: que ahora, entre
los que han sobrevivido, no quedan restos de odio ni venganza. La injusticia
soportada con paciencia ha llevado a los perseguidos a la tan deseada libertad.
Los fieles de Kazakistán dan gracias a Dios, habiendo experimentado que
El ha escuchado sus oraciones.
La fuerza del “pequeño rebaño”
de católicos, que son sólo el dos por ciento entre quince millones
de habitantes, es la oración. En todas las parroquias de Kazakistán
se reza el Rosario cada día. En muchas parroquias se hace a diario la
adoración eucarística (por lo menos media hora). En la catedral
de Astana tenemos desde hace más de un año la adoración
perpetua, día y noche.
Con ocasión de la reestructuración de
la Iglesia en Kazakistán el 17 de Mayo de este año, nos ha sorprendido
y alegrado que el Papa ha añadido a la nueva Arquidiócesis el
nombre de “María Santísima”. Unidos a Ella, la Reina
de la Paz, que desde 1934 es oficialmente la Patrona de Kazakistán, caminamos
hacia el futuro en oración. La oración es la fuerza de los débiles
y de todos los que ponen su confianza en el Padre de los hombres y de los pueblos.
En un himno en honor de la Reina de la Paz cantamos:
¡Orad y Dio os dará su gracia!
¡Orad y esperad todos en El!
¡Orad y buscad el Reino de Dios!
¡Orad y todo lo demás se os dará!
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