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Testimonio de Nina Weiss de Alemania - Detalles
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“Hemos tenido necesidad de esta experiencia”

Nina Weiss y la salvación de su familia
Sábado 29 de mayo de 2004


Me llamo Nina Weiss, soy gitana y vivo en Hamburgo. Toda mi familia es muy religiosa. Mi marido y yo tenemos los dos 33 años y tenemos tres hijos.
Antes del Miércoles de Ceniza hemos pasado una gran prueba y desde hacía mucho tiempo ya no sentía gusto en practicar nuestra fe católica. De alguna forma había perdido el interés por estas cosas. Incluso mi hermana pequeña y bastantes parientes míos habían entrado en una secta en la que la veneración de la Virgen es muy combatida. Además mi marido llevaba ya una semana entera quejándose de fuertes dolores. Por eso fui a nuestra iglesia parroquial y le pedí al Señor que me mostrara el camino en esta oscuridad.
Poco después mi marido tuvo que ingresar en el hospital, y el diagnóstico fue de un cáncer intestinal. Los médicos estaban muy preocupados por sus condiciones y tuvieron que operarlo rápidamente. En esos momentos comprendí el sentido de mi vida: ¡mi marido y mis hijos! No el dinero, la carrera o lo estima.
Sinceramente he de decir que sempre he tenido una especial relación con Jesús Misericordioso. ¡El me ha ayudado siempre, pero esta vez fue distinto!
En mi angustia fui a ver a mi madre y ella me dio una imagen de la Virgen: La Señora de todos los Pueblos, y me animó a que le rezase.
Miré esa imagen, que yo no conocía, la Señora delante de la Cruz, y pensé: “¡Los de la secta tienen razón, respecto a la veneración a la Virgen! Ella quiete sustituir a Jesús, ella quiere ser Jesús. No, de esa yo no tengo necesidad”... Sin embargo, me guardé la imagen en la bolsa.
Después fui donde mi padre y le pedí una de sus imágenes de Jesús Misericordioso. Normalmente las tenía en su coche, pero precisamente ese día no tenía.
Por el camino encontré a mi hermano Donny, que lleva siempre una de esas imágenes consigo, pero tampoco él tenía ni siquiera una. Entonces comprendí: Jesús quiere que esta vez vaya a su Madre, la Señora de todos los Pueblos.
Así fui a la iglesia, me postré en el suelo delante de la imagen de la Stma. Virgen y le dije: “Oh Mamá, no soy digna de rezarle a tu Hijo. Te encomiando a Tí la vida de mi marido”. Después me puse a cantar.
Durante la operación de mi marido, mis hijos y yo estuvimos rezando en la capilla del hospital. Al acabar la operación, que duró cuatro horas, vino el médico y nos dijo: “Su marido vive. Todo ha salido bien. Lo han llevado al pabellón de cuidados intensivos”.
Para darle las gracias a la Stma. Virgen quise hacerle enseguida un regalo. He de decir que me gusta mucho mi pelo largo, mi hermosa trenza negra. Y éso ha sido precisamente lo que le he querido regalar a la Stma. Virgen María. Enseguida, sin vacilar, me fui a la peluquería del hospital. Con decisión le expliqué a la peluquera que quería regalarle mi trenta a la Virgen, a la Señora de todos los Pueblos. Entonces me la cortó con las lágrimas en los ojos.
Llena de felicidad les conté a todos mis parientes que la Señora de todos los Pueblos había ayudado a mi marido. ¡Sí, el milagro lo ha hecho ella! Incluso mi hermana, la que estaba en la secta, llena de conmoción me ha dicho: “Nina, de verdad te ha escuchado Ella, la Santa Madre”. Nos hemos abrazado porque, después de haber estrado tres años en esa secta, mi hermana había vuelto a encontrar el justo camino.
Al principio los médicos estaban muy asombrados de la recuperación de mi marido, pero después tuvo una recaída. Empezamos otra vez a pedir, con mi cuñada, que aún estaba en aquella secta, y también ella se arrodilló y dijo el Ave María.
Me dieron permiso de ver a mi marido, estive orando a su lado y puse una imagen de la Señora de todos los Pueblos sobre su herida. Estaba llena de esperanza y ya no tenía ningún temor respecto a su grave condición.
Fui incluso a visitar a otros enfermos, los abracé y los animé. Por ejemplo: le hablé de la Señora de todos los Pueblos a un pobre hombre sentado en una silla de ruedas, que tenía un cáncer en el cerebro, y le conté cómo la Virgen ha ayudado tan milagrosamente a mi marido. Les dije a los que estaban al lado que iría a hacer una Santa Confessione esa misma tarde y los animé a que invocaran a la Stma. Virgen.
Por la tarde, en la confesión, le dije al sacerdote: "He traicionado casi a la Stma. Virgen, pero Ella me ha dado una nueva ocasión". Lo mismo les decía a todos los que encontraba.
La mañana siguiente encontré a mi primo en el hospital. También él quería entrar en aquella secta. Con lágrimas en los ojos me contó que esa mañana su hijo de siete años lo había despertado, pidiéndole que fuera con él a la Santa Misa. Así, por primera vez en ocho meses, había vuelto a la iglesia. Le dije: “Pedro, eso no ha pasado por casualidad, la Santa Madre te quiere y nuestra fe es la verdadera”. Y él me contestó simplemente: “Sí, lo sé”.
Durante casi dos semanas las condiciones de mi marido fueron inconstantes. Aún tuvieron que hacerle tres endoscopias al estómago y tres al intestino. Antes de cada reconocimiento besaba la imagen de la Señora de todos los Pueblos. Desde entonces decimos cada día juntos su oración. Durante el tempo que le hacían las endoscopias he estrado sempre con mis hijos en la capilla del hospital, cantando y rezando a la Virgen. Así desaparecía sempre el miedo. Por la tarde, después del último reconocimiento, vino muy contenta la doctora a decirnos: “Su marido está curado”.

El Jueves Santo, al cabo de seis semanas en el hospital mi marido ha vuelto a casa. ¡Sano! ¡Hemos superado todo, gracias a la Señora de todos los Pueblos!
Pensando al pasado, tengo que decir que nosotros –mi familia, nuestri parientes y yo– hemos tenido necesidad de esta experiencia. ¡Nos hemos despertado todos de nuevo!
La Stma. Virgen nos ha mostrado que ninguna lucha es en vano.

¡Gracias, Señora de todos los Pueblos! ¡Gracias, Jesús!

 

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