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Quisiera simplemente
darles una testimonio sobre Agustín. Se trata de un pequeño
niño che el Señor me confió este año y del
cual me ocupo todas las tardes.
Hoy Agustín tiene siete años. A la edad de cinco
meses sufrió de un principio de asfixia, de ahogo, y así
quedó gravemente minusválido. Está siempre sentado,
casi non puede hablar, no puede ver, ni tampoco puede caminar. Su existencia
parecería inútil. De todas formas, con el mundo que le rodea,
él se comunica, irradiando además, una grande espiritualidad,
demostrándonos así como dice San Pablo, que la "potencia
de Dios se revela en la debilidad".
Desde el momento del incidente, la mano de Dios
y la presencia de la Virgen María, se manifiestan sin interrupción
en la vida de Agustín. Dios no le quita su sufrimiento, pero le
da la gracia de saberla aceptar, momento por momento, con ánimo
y con alegría. Y esto porque hay, en lo más profundo de
Agustín, una especial alegría, que bien sabe irradiar en
su rostro.
El mismo día del incidente los padres
de Agustín, ofrecieron al Señor esta última prueba,
especialmente por un primo, padre de familia y con graves problemas de
alcoholismo. El día siguiente al infortunio, el 8 mayo 1993, Agustín
recibió el Sacramento de la Unción de los Enfermos, fuente
de una inmensa fuerza espiritual. Algunos meses después, la familia
pidió ayuda a los hermanos y hermanas de una Comunidad religiosa
de Paray le Monial, para que oraran por él y así pudiera
recuperar toda su alegría perdida. Orando recibieron dos pasajes
de la Sagrada Escritura: uno sobre el episodio de la Resurrección
de Lazaro: "¿No te he dicho que, si crees, verás la
gloria de Dios?" (Jn 11,40) y el otro del Canto de Zacarías:
"Y tu, niño, serás llamado profeta del Altísimo,
pues irás delante del Señor a preparar sus caminos"
(Lc 1, 76). Y eh aquí la cosa curiosa: contra toda esperanza, en
el mismo momento, se encontró a Paray le Monial (para un encuentro
de oración) nada menos que el primo alcohólico -que no creía
en nada- y por la curación de quien, los padres de Agustín,
habían ofrecido al Señor los sufrimientos de su pequeño
hijo. Aquel mismo día este primo fue curado y dejó completamente
el alcoholismo!
Desde siempre Agustín ha tenido una profunda relación con
la Virgen María. Después del incidente, rechazó por
un año entero de abrazar a alguien, excepto a un icono de la Virgen
María que sus padres le acercaban. Todos los días Agustín
debe tomar medicinas muy fuertes para evitar las convulsiones. Le vienen
suministradas con agua de Lourdes, orando al mismo tiempo un Ave Maria;
es extraordinario verlo radiante en este instante.
También los Santos han tenido un papel
particular en la vida de Agustín, especialmente Santa Teresita
del Niño Jesús (de quien conserva también una reliquia)
y Padre Pio de Pietrelcina. Cuando los padres estaban buscando una muchacha
para que cuidara de Agustín, rezaron una novena a Padre Pio, sin
decirlo al niño. Desde este momento y sin ninguna razón
aparente, Agustín comenzó a decir a menudo: Pio! Pio! Pio!,
como si pidiera ayuda para poder ofrecer su sufrimiento. Después
de esta novena el Señor me llamó a asistir a Agustín.
Esto me ha fuertemente impactado, porque Padre Pio es también para
mí un padre espiritual en el cielo.
La Virgen invitó en este año jubilar
a Agustín y su familia a hacer una peregrinación a Medjugorje,
para darle con sus manos llenas de ternura, las gracias necesarias para
continuar a cargar con su cruz. Es Ella, la Corredentora, Mediadora y
Abogada. En efecto, a pesar de las dificultades de un viaje como este,
en autobús, Agustín conservó siempre su alegría,
permaneciendo siempre radiante y convirtiéndose en el centro de
la admiración de los peregrinos, tocando incluso los corazones
más duros.
Hoy Agustín se prepara para la Primera
Comunión; tiene un grande deseo de recibir a Jesús. Oremos
en tal modo que pueda recibir este admirable Sacramento, cuando el Señor
así lo querrá. Tomemos pues ejemplo de este niño
parapléjico: caminemos la vía de la Corredención
con la Virgen María, ofreciendo todos nuestros sufrimientos, especialmente
por los sacerdotes y el pueblo de Dios. |