Contenido de la página


Testimonio de Leila d' Aramon, Francia - Detalles
Home --> Archivo --> Jornadas de Oración --> 2000 Amsterdam

Versión de impresión

 

Untitled Document

“AUGUSTÍN”
Testimonio de Leila d’Aramon, Francia

4a Jornada Internacional de Oración – Amsterdam
10 - 12 junio 2000, Solemnidad de Pentecostés

Quisiera simplemente darles una testimonio sobre Agustín. Se trata de un pequeño niño che el Señor me confió este año y del cual me ocupo todas las tardes.
Hoy Agustín tiene siete años. A la edad de cinco meses sufrió de un principio de asfixia, de ahogo, y así quedó gravemente minusválido. Está siempre sentado, casi non puede hablar, no puede ver, ni tampoco puede caminar. Su existencia parecería inútil. De todas formas, con el mundo que le rodea, él se comunica, irradiando además, una grande espiritualidad, demostrándonos así como dice San Pablo, que la "potencia de Dios se revela en la debilidad".

Desde el momento del incidente, la mano de Dios y la presencia de la Virgen María, se manifiestan sin interrupción en la vida de Agustín. Dios no le quita su sufrimiento, pero le da la gracia de saberla aceptar, momento por momento, con ánimo y con alegría. Y esto porque hay, en lo más profundo de Agustín, una especial alegría, que bien sabe irradiar en su rostro.

El mismo día del incidente los padres de Agustín, ofrecieron al Señor esta última prueba, especialmente por un primo, padre de familia y con graves problemas de alcoholismo. El día siguiente al infortunio, el 8 mayo 1993, Agustín recibió el Sacramento de la Unción de los Enfermos, fuente de una inmensa fuerza espiritual. Algunos meses después, la familia pidió ayuda a los hermanos y hermanas de una Comunidad religiosa de Paray le Monial, para que oraran por él y así pudiera recuperar toda su alegría perdida. Orando recibieron dos pasajes de la Sagrada Escritura: uno sobre el episodio de la Resurrección de Lazaro: "¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?" (Jn 11,40) y el otro del Canto de Zacarías: "Y tu, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor a preparar sus caminos" (Lc 1, 76). Y eh aquí la cosa curiosa: contra toda esperanza, en el mismo momento, se encontró a Paray le Monial (para un encuentro de oración) nada menos que el primo alcohólico -que no creía en nada- y por la curación de quien, los padres de Agustín, habían ofrecido al Señor los sufrimientos de su pequeño hijo. Aquel mismo día este primo fue curado y dejó completamente el alcoholismo!

Desde siempre Agustín ha tenido una profunda relación con la Virgen María. Después del incidente, rechazó por un año entero de abrazar a alguien, excepto a un icono de la Virgen María que sus padres le acercaban. Todos los días Agustín debe tomar medicinas muy fuertes para evitar las convulsiones. Le vienen suministradas con agua de Lourdes, orando al mismo tiempo un Ave Maria; es extraordinario verlo radiante en este instante.

También los Santos han tenido un papel particular en la vida de Agustín, especialmente Santa Teresita del Niño Jesús (de quien conserva también una reliquia) y Padre Pio de Pietrelcina. Cuando los padres estaban buscando una muchacha para que cuidara de Agustín, rezaron una novena a Padre Pio, sin decirlo al niño. Desde este momento y sin ninguna razón aparente, Agustín comenzó a decir a menudo: Pio! Pio! Pio!, como si pidiera ayuda para poder ofrecer su sufrimiento. Después de esta novena el Señor me llamó a asistir a Agustín. Esto me ha fuertemente impactado, porque Padre Pio es también para mí un padre espiritual en el cielo.

La Virgen invitó en este año jubilar a Agustín y su familia a hacer una peregrinación a Medjugorje, para darle con sus manos llenas de ternura, las gracias necesarias para continuar a cargar con su cruz. Es Ella, la Corredentora, Mediadora y Abogada. En efecto, a pesar de las dificultades de un viaje como este, en autobús, Agustín conservó siempre su alegría, permaneciendo siempre radiante y convirtiéndose en el centro de la admiración de los peregrinos, tocando incluso los corazones más duros.

Hoy Agustín se prepara para la Primera Comunión; tiene un grande deseo de recibir a Jesús. Oremos en tal modo que pueda recibir este admirable Sacramento, cuando el Señor así lo querrá. Tomemos pues ejemplo de este niño parapléjico: caminemos la vía de la Corredención con la Virgen María, ofreciendo todos nuestros sufrimientos, especialmente por los sacerdotes y el pueblo de Dios.

Versión de impresión




Navegación