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Buenos días a todos!
Es una gran alegría para mi estar aquí
con ustedes en Amsterdam para agradecer a María, la Madre de todos
los Pueblos, por su amor y por su ayuda.
Como todos ustedes pueden ver, me encuentro
en una silla de ruedas a causa de la esclerosis múltiple. Desde
hace años dependo de la ayuda de los demás. Hace 28 años,
mientras hacía el aprendizaje para ser jardinero, comenzaron a
hacerse visibles los primeros síntomas de la enfermedad. Poco a
poco fui obligado a abandonar mis planes, mis deseos, y he descubierto
que Jesús es la verdadera vida.
Tenía 20 años cuando comenzaron
a hacerse sentir los primeros síntomas y como todos los jóvenes
esperaba de hacer una carrera profesional, buscaba seguridades humanas.
Tenía el plan de casarme y de construir una casa grande para mi
futura familia. Mas todo cambió!
Les cuento un secreto che hasta ahora no he
jamás dicho a nadie:
Hace 21 años, un año después del diploma de jardinero,
encontré en un gimnasio un grupo que ayudaba a los minusválidos.
En el momento en que entré en el gimnasio, encontré una
mujer joven que contaba como 7 años atrás los médicos
le habían diagnosticado la esclerosis múltiple. La mujer
era joven, bella y muy serena, a pesar de estar en una silla de ruedas.
De un momento a otro me encontré delante de ella. La miraba y me
parecía como si Dios me preguntara: “¿Que harías,
si un día te tocara a Ti?” Buscaba una vía de escape.
Pero no encontré ninguna. Entonces respondí en mi corazón:
“Si así fuera, entonces me abandonaría completamente
a Ti”. Exactamente 7 años después, supe por mi médico,
que tenía la esclerosis múltiple.
Dos años después – era maestro
jardinero en el jardín de la prisión de Rottenburg –
tuve una profunda experiencia interior. Me
parecía que Dios me presentase tres caminos y yo podía escoger:
El camino ancho de una vida pecaminosa
El camino fatigoso y bueno del trabajo
El camino difícil, pero real
Meditando sobre el camino del trabajo me di
cuenta que esta opción, aunque buena, no habría sido la
mía. Eligiendo el camino real no podría apoyarme en ninguna
seguridad humana, no podría hacer los planes de mi vida, antes
bien, debería ser como un niño y abandonarme completamente
en el Amor premuroso de Dios.
Entonces pensé de entrar en un convento, pero mi estado de salud
no me lo permitió. De esta manera permanecí como jardinero
en la prisión de Rottenburg.
Sin duda alguna, viví muy poco de oración
en este periodo, para saber abrazar un camino que implicase tanto empeño.
De nuevo el mundo buscaba posesionarse de mí, tentaba organizarme.
Quería construir algo con mis propias fuerzas y contra la voluntad
de Dios, abandoné el camino real. Perdí la paz del corazón
y en la vida espiritual caí en un abismo profundo. Tuvo inicio
un tiempo muy difícil. Estos años eran terribles!
Solo Dios y la Virgen, eran los únicos
a sacarme fuera a través de una gracia de conversión. Esta
gracia la recibí hace ocho años en un Santuario mariano.
Con la oración y el sacramento de la confesión recibí
de nuevo el punto de partida. Sin esta gracia, jamás habría
sido capas de abandonar la casa que había construido a pesar de
mi enfermedad.
En este periodo tuve que estar más de
una vez al hospital y mi inhabilidad se hizo cada vez más grande.
Más de una vez tuve que cambiar mi trabajo dentro del área
de la prisión, hasta que no era ya capaz de mantenerme en pie.
Cada día un prisionero tenía que llevarme al trabajo y después
regresarme de nuevo a casa, subiendo unas escaleras. Mas era imposible
que esto continuara por siempre! Entonces decidí no trabajar más.
Pero antes de esta decisión pasé muchas noches en blanco.
Finalmente estaba listo a abandonarlo todo!
He encontrado consolación en la meditación
de los sufrimientos de Jesús y de María y participando todos
los días a la Santa Misa. He comprendido siempre más profundamente
el valor de la Santa Misa y como Dios prefiere que pase mi vida con Él,
adorándolo, en lugar de trabajar con las manos.
Dos veces el médico me aconsejó
de buscar una casa de reposo, ya que esto sería necesario para
mí en el futuro. Pero, como podría entonces ir todos los
días a la Santa Misa? Dios ha previsto todo esto! Desde el verano
pasado vivo en la casa de reposo de Horb, y todos los días puedo
participar a la Santa Misa. Tengo la posibilidad de ir frecuentemente
a la confesión cuando lo deseo y Jesús vive junto a mí
en el Tabernáculo de la Capilla de la casa.
Pero, ¿cuál es la relación
con mi cruz, con mi enfermedad? Ustedes saben que como para tantas otras
personas enfermas, es difícil también para mí ver
en que modo se deshacen todos nuestros planes. Más he comprendido
que la voluntad de Dios, de mi Padre, es mejor y más perfecta de
la mía.
He meditado más de una vez, como Jesús
no fue comprendido por los otros. Sin embargo, Jesús y María
no se rebelaron contra la cruz y abrazaron la voluntad de Dios Padre.
Eh aquí mi camino real, mi tesoro escondido que tiene como fundamento
la fe, la obediencia y la confianza. He comprendido: el verdadero amor
no pasará jamás, y en el sufrimiento crecerá y se
hará más fuerte.
No faltan las batallas. Apenas una pasa, comienza
la otra. La ayuda más grande para mi es la meditación del
objetivo de mi camino. Comienzo a orar y prometo a Jesús en medio
a todas mis debilidades: Continuaré a caminar en este camino estrecho
y escarpado de la cruz!
La oración y el sacrificio del sufrimiento
por la salvación de las almas son para mi perlas o pequeñas
flores que ofrezco a María, mi Madre, la Corredentora. En sus manos
estas perlas se harán todavía más preciosas para
Dios.
Jesús quiere que yo sea santo! Es la única cosa que cuenta.
Todo aquello que nos parece ser tan importante sobre esta tierra, ¿che
valor tendrá en la Eternidad? Si observo los Santos, debo decir:
Han confiado su voluntad a la voluntad de Dios Padre y han orado por sus
perseguidores. Entonces también yo puedo llegar a ser santo, con
Su fuerza.
En los momentos difíciles pienso como
Jesús y María se comportarían en esta situación.
Lo estoy haciendo también ahora que el camino se hace siempre más
y más escarpado hasta el abandono total de mi mismo a la cruz.
Ustedes deben saberlo: mi cuerpo muere, lo siento.
Pero voy bien, soy feliz. Ahora que vivo en la casa de reposo se ha cumplido
mi deseo secreto: de tener más tiempo para Dios. De la fuerza que
da la oración, he aprendido como ofrecer a Dios, por amor, mi enfermedad,
mi estado de impotencia y mi cruz por la salvación de aquellos
que hoy están todavía lejos de Él. Estoy verdaderamente
feliz y contento en el corazón; feliz de haber dejado y abandonado
todo, para encontrar el Amor de Dios en el Tabernáculo.
No somos capaces de intuir la Belleza y el Amor
de Dios. Dios es el Dios del Amor! Después de haber atravesado
el último tramo del camino, me espera una bella sorpresa: ¿Que
cosa existe de más bello que un camino que te conduce a los brazos
del Padre? |