| Versión de impresión
Untitled Document
El Japón se convertirá
Testimonio de Hirosi Tatsuchi, Japón
Me llamo Hirosi Tatsuchi y a mi lado está mi
esposa Aschiko.
En este momento estamos realizando nuestro viaje de bodas. El motivo por el
que estamos aquí en el palco, sudando y con la fiebre de escenario, no
lo se. ¡Yo mismo estoy asombrado!
Nos casamos hace una semana, el 31 de Mayo, el día
de la Señora de todos los Pueblos. El pasado miércoles estuvimos
en la audiencia del Santo Padre, en Roma, a continuación vinimos en peregrinación
a Amsterdam, y ahora aquí estamos, en plena Jornada de oración.
He de decir que soy muy felíz. Estoy convencido que ha sido la Señora
de todos los Pueblos quien ha organizado todo.
Mi país, el Japón, cuenta con 130 millones
de habitantes, de los que tan sólo 450.000 son católicos, es decir,
uno por cada 300. También yo crecí en ese ambiente pagano. Como
la mayor parte de los Japoneses he sabido algo del cristianismo, pero más
bien como cultura general. Durante el tiempo en que estudiaba realicé
un viaje por Europa durante un mes. Viajé solo, visitando varios países.
Un día, en Munich, entré en una iglesia dedicada a María.
Me arrodillé ante una estatua de la Stma. Virgen y empecé a orar,
por primera vez en mi vida. ¿Por qué? ¡No lo se! No tenía
ninguna relación con la Virgen. Pero en esos momentos deseaba simplemente
hablar con Ella y estar con Ella. Pasé largo rato en aquella iglesia,
solo con Ella, en silencio.
Así empezó mi camino de fe, y al cabo
de dos años fui bautizado. Después de mi Bautismo he ido a menudo
a Akita, el famoso santuario en Japón. Allí he conocido personalmente
a Sor Agnes Sasagawa, la vidente estigmatizada. Por medio de Akita he sabido
de las apariciones en Amsterdam y de la vocación de la Madre de Dios
a ser la Corredentora.
En lo que se refiere a la Fe, la historia de los cristianos
japoneses es dolorosa. Hubo una persecución que duró tres siglos,
provocada por los príncipes paganos. El cristianesimo fue casi aniquilado.
Los historiadores dicen que “en cada ciudad japonesa corrió la
sangre de los mártires.” ¿Saben que en 1945 el 70% de los
católicos vivían en Nagasaki? Era “la ciudad católica
del Japón”. Ahora se preguntarán: “¿Entonces
por qué la bomba atómica fue lanzada precisamente sobre la ciudad
de Nagasaki?” También yo me lo he preguntado. Pero cuanto más
comprendo el sentido del valor corredentor del sofrimiento de los inocentes,
más comprendo cómo Dios lo ha permitido en la historia del Japón.
A pesar de la incredulidad de mi país, hoy puedo
creer que toda la sangre derramada traerá la conversión de toda
la nación. En Amsterdam la Stma. Virgen ha prometido: “El Japón
se convertirá”. ¡Y yo lo creo!
Me alegra mucho contarles todavía algo hermoso,
a propósito del Rosario. Pues no sólo sobre Nagasaki, sino también
sobre Hiroshima cayó una bomba atómica. La finalidad era arrasar
Hiroshima para destruir el poder militar japonés. Pero la Stma. Virgen,
la Reina del Rosario, protegió milagrosamente una pequeña comunidad
de cuatro Padres jesuítas, que vivían en la casa parroquial, distante
solamente ocho cuadras o manzanas del centro de la explosión. El Padre
Hubert Schiffer tenía 30 años y trabajaba en la parroquia de la
Asunción de María, en Hiroshima. Ha dado su testimonio ante decenas
de miles de personas:
“A mi alrededor había solamente una luz
cegadora. De repente, en un instante todo se llenó de una explosión
terribile. Fui lanzado por el aire. Después vino una gran oscuridad,
silencio, nada. Me encontré boca abajo, sobre una viga de madera hecha
pedazos. La sangre me corría por la cara. No ví nada, ni oí
nada. Creí que estaba muerto. Luego oí mi propia voz. Eso fue
lo más terribile, en todo lo que estaba pasando. ¡Me hizo comprender
que aún estaba vivo e empecé a darme cuenta de que había
ocurrido una terribile catástrofe! Durante todo un día, mis tres
compañeros y yo estuvimos metidos en aquel infierno de fuego, de humo
y de radiaciones, hasta que nos encontraron y nos socorrieron los que nos buscaban.
Todos estábamos heridos, pero por gracia de Dios hemos sobrevivido.”
Nadie ha podido explicar con la lógica humana,
por qué estos cuatro Padres jesuítas fueron los únicos
que habían sobrevivido en el radio de 1.500 metros. Para todos los expertos
sigue siendo un misterio, pues ninguno de los cuatro Padres ha quedado contaminado
por la radiación atómica, y por qué su casa, la casa parroquial,
seguía todavía en pie, mientras todas las demás casas alrededor
habían sido barridas y quemadas. Igualmente, los 200 médicos americanos
y japoneses que, según lo que ellos mismos han declarado, han examinado
al Padre Schiffer, no han hallado ninguna explicación al por qué,
después de 33 años de la explosión, el Padre no sufría
de ninguna consecuencia de la explosión atómica y seguía
viviendo, con buena salud. Perplejos, han obtenido sempre la misma respuesta
a sus muchas preguntas: “Como misioneros hemos querido vivir en nuestro
país el mensaje de Nuestra Señora de Fátima, por lo que
todos los días hemos dicho el Rosario.”
Este es el mensaje lleno de esperanza, de Hiroshima:
¡la oración del Rosario es más fuerte que la bomba atómica!
Actualmente, en el centro de la ciudad reconstruida de Hiroshima, se halla una
iglesia dedicada a la Stma. Virgen. Las 15 vidrieras muestran los 15 misterios
del Rosario, que se dice en esta iglesia día y noche.
Esto es lo que he querido contarles de mi patria, para
animarles. Y otra cosa más: desde que he conocido a la Señora
de todos los Pueblos, también en mi vida privada, si tengo algún
problema, me diirijo enseguida a Ella como a una madre. Nunca me ha abandonado.
Por eso, es una gran alegría para nosotros dos colaborar con la Señora
de todos los Pueblos.
Versión de impresión
|