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Testimonio de Fouad y Laetitia Hassoun del Libano - Detalles
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“La oración -
fuente del perdón, de la paz interior y del amor que nos une”

Testimonio de Fouad y Laetitia Hassoun del Líbano
Sábado 29 de mayo de 2004

Laetitia: “Buenos días, soy Laetitia”.

Fouad:
“Buenos días, me llamo Fouad. Nací el día primero de Mayo en Líbano. Naturalmente, mis padres me consagraron a la Stma. Virgen, Nuestra Señora del Líbano, haciendo el voto que yo, cuando creciera, pudiera hacer cada mes de Mayo una peregrinación en honor de María.
Quiero dar testimonio de todas las gracias recibidas en mi vida y por la fidelidad de su presencia, que me acompaña cada día.
Recuerdo la petición de ayuda que le hice, teniendo 17 años, cuando un coche lleno de dinamita hizo explosión delante de mi casa, hiriéndome gravemente y haciéndome perder la vista, y yo le supliqué: “Oh Santa Madre, oh Santa Madre, intercede por mí, ayúdame, no quiero morir”. Sentí profondamente su protección.
Estando en la cama en el hospital, salvado por milagro, teniendo en cuenta la potencia de la explosión, 300 kilos de TNT, rodendo por mis familiares más próximos, llenos de dolor, sentía dentro de mí la alegría profunda de estar vivo y haber comprendido que la vida es más fuerte que la muerte y que la recibimos continuamente de Dios.
Cuando llegué a Europa para curarme y continuar mis estudios, María estaba conmigo: en los momentos de grande soledad, de duda y de miedo, recuperaba la confianza y la paz apretando fuerte mi rosario que llevaba siempre en mi bolsillo. En cada peregrinación que hago en su nombre, Ella escucha mis peticiones: “Pedid y recibireis”.
Ella cuida de mí en todas las circunstancias de mi vida, como su hijito más querido: Nuestra Señora de Chartres me ha concedido ser admitido en una prestigiosa escuela de comercio; Nuestra Señora de Neiges me hizo hallar el trabajo que me hacía falta; Nuestra Señora de Lourdes me hizo que encontrara la mujer de mi vida
De etapa en etapa en nuestra vida, hacemos correr entre nuestros dedos las cuentas del rosario y Dios escucha nuestras oraciones…”

Laetitia:
“En el Líbano, una tarde del primero de Mayo, superé todos mis temores y mis preocupaciones y me atreví a abrirme al amor que ya sentía hacia Fouad. Estaba dispuesta a pronunciar un “sí” definitivo y recé dicendo las palabras de María: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Estaba impresionada por la historia y la personalidad de Fouad, mi pequeña vida parisina me parecía insípida; pero su fuerza de vivir y su amor por los demás me tocaron y alcanzaron mis aspiraciones más profundas, compartir con el hombre de mi vida el amor a Dios y al mundo.
Nos casamos en Beirut o, más exactamente, fuimos coronados según el rito maronita católico oriental. Desde que recibimos la gracia del matrimonio, mantenemos cada día vivo nuestro amore, renovando ese “sí” con la oración del Angelus y el rosario mientras vamos a nuestro trabajo.
Nos ayudamos mutuamente a llevar las heridas aún abiertas del pasado. Como aquel día, cuando paseábamos en medio de la estupenda naturaleza de los montes del Líbano, no lejos del pueblo en que Fouad ha crecido y ha jugado en paz y armonía con niños de otras religiones.
Fouad hubiera querido llevarme con gusto a los lugares de su niñez, en los que, sin embargo, veinticinco años atrás ocurrió una matanza en la iglesia de su pueblo, durante una función religiosa, en que entre otras muchas personas perdió la vida su abuelo y destruyó la vida de muchos cristianos, que en un doloroso éxodo abandonaron el pueblo, sin poder volver más, hasta ahora.
Compartimos los momentos del presente, damos gracias a Dios por la belleza de cada día que vivimos juntos. La Stma. Virgen me sirve de ejemplo en mi vida de casada, para ser atenta y cuidadosa para con Fouad, y para ayudarme a renunciar a mis planes tan prudentes y dejarme llevar en la vida por la audacia y la confianza de Fouad.”

Fouad:
“Este primero de Mayo era algo especial. He ido a rezar a María, a Nuestra Señora del Líbano, para encomendarle nuestra familia y nuestro traslado al Líbano.
Después de 17 años de éxodo, nos hemos decidido a volver a vivir en el Líbano. Nuestra decisión se apoya en la Exhortación apostólica dirigida a los cristianos libaneses:
“A vosotros, cristianos del Líbano, está encomendado derribar los muros del odio y la costrucción de puentes. Vuestro país es más que una patria, es un mensaje”.
Además está mi apego profundo a mis raíces, a esta tierra en que he dejado una parte de mi mísmo, mis ojos, pero lo que más me une a esta tierra es sobre todo el vínculo matrimonial celebrado en ella.
Desde que llegamos el pasado verano, sufrimos con este pueblo, afectado por la guerra, en plena crisis, tanto de identidad como económica, vivimos con este pueblo que con valor camina con Cristo en los senderos de la reconstrucción y de la reconciliación. Empleamos en esta lucha por la vida nuestra tarea profesional y pastoral, proponiéndonos restituir a las personas heridas que encontramos su dignidad y ayudarles a que desarrollen sus talentos: Laetitia es directora de personal en una organización libanesa cuya misión es reinsertar en la sociedad personas emarginadas; por mi parte, he creado una empresa para ofrecer productos y servicios a personas con problemas de vista. Y los dos somos responsables de un movimiento seglar “Fundación - cristianos para el mundo”.
Los años que he pasado en Europa me han preparado para vivir esta misión. En efecto, se me ha concedido aceptar mi hándicap y amarme como soy ahora; incluso he recibido el don de perdonar al que hizo estallar la bomba delante de mi casa; y con la ayuda de Dios soy capaz de vivir las palabras de Cristo “Amad a vuestros enemigos”. Sí, en la locura de Dios soy capaz de amar a ese hombre. Ese perdón y ese amor vivido cada día he podido transmitirlo también a las personas que tengo cerca, ha transformado mi vida, haciendo de mí, de ser un hombre herido a ser un hombre de paz.
Continuamente San Pablo viene a mi pensamiento come un hermano: él se quedó ciego en el camino de Damasco, y también aquel coche lleno de explosivo fue colocado en la calle de Damasco, número 46.”

Laetitia:
“También eran de San Pablo las palabras que recibí, aquel famoso primero de Mayo de nuestro encuentro: “Ve, porque éste es para Mí un instrumento de elección para llevar mi nombre ante las naciones y los reyes y los hijos de Israel”.
Parece que Dios nos revela poco a poco Su proyecto de amor a cada uno de nosotros dos y a los dos como pareja, y nosotros pedimos al Espíritu Santo que nos guíe para que se haga su Voluntad. Pero en muchos momentos conservo en el corazón las cosas que no comprendo, haciéndolo con paciencia y continuando mi entrega a una vida con Dios.”

Fouad:
“Hoy hemos venido ante la Señora de todos los Pueblos para ofrecerle nuestra vida, renovando nuestra consagración a su Hijo y para repetirle nuestro amor. Le pedimos que interceda por nosotros ante el Padre, para que podamos experimentar en nuestra familia la alegría de acoger numerosos hijos, para que el Líbano viva esta gracia del perdón y todos los pueblos puedan vivir en la paz.”


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