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Hermana Maria Barbara y Hermana Maria Ana, misioneras - Detalles
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Testimonio
de la Hermana María Bárbara y de la Hermana María Ana
de su misión en Ucrania y en Kazajstán

4a Jornada Internacional de Oración – Amsterdam
10 - 12 junio 2000, Solemnidad de Pentecostés

Cordialmente queremos saludarlos a todos:

Somos dos hermanas religiosas de la familia de María Corredentora, y quisiéramos contarles algunas de nuestras experiencias en nuestra vida cotidiana de misioneras, que nos muestran como la Señora de todos los Pueblos, como Corredentora, Medianera de todas las gracias y Abogada, está realizando su plan de Paz y de Redención también en el Este.

Que la Señora de todos los Pueblos tiene algo simpático para cada uno personalmente, nos lo demuestra con el ejemplo de Babuschka Walja. Ella es una de las muchas abuelas de edad avanzada, es pobre y vive sola en un cuartito dentro de un gran complejo de viviendas en Ucrania. Babuschka Walja no tenía ni siquiera algo bueno para vestirse. Su jersey su cardigan tejido eran unos harapos. Los codos estaban tan desgastados, que la piel se le veía a través de un gran hueco. Durante todo el día tan sólo había tomado te, y su valiosa bolsita filtrante ya casi ni coloreaba más el agua. Un pedazo de pan yacía cuidadosamente envuelto sobre la mesa, pero, será para mañana, explicó Babuschka. Su jubilación era muy pequeña y, además, pronto vendría el tiempo de cuaresma, para el cual ya podría irse preparando un poco.
Cuando le regalamos la estampa con la oración de la Señora de todos los Pueblos, la observó atentamente y dijo contenta: "La Madre de Dios se parase a mí! Ella está descalza sobre la tierra! Yo también camino descalza porque mis zapatos están tan viejos."

En uno de nuestros siguientes encuentros, rezamos juntas la oración, pero Babuschka tomó la tiernamente la estampita en sus manos y dijo: "Yo no sólo rezo esta oración tan solo por las mañana y por la noche, tal como me lo habían recomendado, no, lo hago con mucha frecuencia durante el día. Me llena de paz el corazón. Por las mañanas no puedo comer o hacer algo sin haber rezado primero esta hermosa oración! Amorosamente apretó la estampita contra su corazón y suspiró:"Ah, si tan solo todos los hombres creyeran en Dios!"


Pero que en el fondo de cada persona exista este anhelo por Dios nos lo demuestra el siguiente ejemplo.
En marzo de este ano, exactamente 3 semanas después que el Obispo Auxiliar de Kiew, Stanislaus Szyrokoradiuk había dado su Imprimátur a la primera estampita con la oración, y ellas acababan de llegar frescas de la imprenta, nos invitaron a la prisión del Estado, donde están presos más de 3,000 hombres y mujeres. Y armadas con 3 gruesos paquetes de estampitas con la oración, nos pusimos en marcha.

Me quedé impresionada con los largos y oscuros pasillos con gruesas puertas de hierro que los celadores nos habían abierto. Entramos en pequeñas, pero sorprendentemente ordenadas celdas, en las cuales vivían cinco o seis presos. Puesto que no había ningún material en los talleres para mantener ocupados a los presos durante el día, ellos permanecían solos en sus celdas. Totalmente sorprendidas, pudimos constatar, que los reos en cada celda habían arreglado una esquina con objetos religiosos, en los cuales yacían íconos de Jesús y de María. Sin excepción alguna, aceptaron gustosamente las estampitas que les regalábamos de la Señora y Madre de todos los Pueblos. Finalmente, al despedirnos de la simpática directora de la prisión, quisimos dejarle el resto de las estampitas que nos quedaban, pero ella nos rogó insistentemente: "Tenemos muchas personas más que quisieran recibir las estampitas, y no sólo reas, sino también guardias y celadoras. Podrían traernos algunos paquetes más de estas estampitas?" Yo pensé para mis adentros: "Cuan cierto es lo que dijo la Madre de todos los Pueblos: "Todos tienen derecho a ella!"

Sí, verdaderamente todos tienen un derecho a ella, un derecho a tener una madre, también nuestros protegidos: grandes y pequeños, mendigos, vagabundos y niños abandonados que viven por las calles.
Por esta razón, nosotras las misioneras, hemos adquirido la costumbre de que a los pobres y a los mendigos vagabundos que viven en las calles, los cuales hay cientos de ellos en la ciudad de Kiev, no sólo de darles un chocolate codiciado, sino que también les regalamos una estampita de la Señora de todos los Pueblos. Si uno pone una moneda en unas manos suplicantemente extendidas, apenas si la miran, debido a la vida tan dura que han tenido es que los ha vuelto tan duros e indiferentes. Pero cuando una vez una de estas pobres mujeres en la calle vio la estampita en la palma de sus manos, levantó la cabeza y dijo agradecida: "Esto es lo que precisamente lo que necesitaba ahora."


Una vivencia conmovedora tuvo la hermana Martina Elizabeth en una visita rutinaria a los vagabundos de la estación de tren, donde nosotras les repartimos té caliente y emparedados en los días helados de invierno. En una de esas acciones ella se encontró con un hombre, muy sucio, entumecido y cubierto con harapos. Todas sus pertenencias las llevaba consigo en una bolsa de plástico. Naturalmente que se alegró mucho con el té y los panes, pero sólo cuando la hermana le dio la estampita de la Señora de todos los Pueblos, se le iluminó el rostro.
Misteriosamente sacó del bolsillo interior de su saco un atado de periódicos viejos y amarillentos. Con mucho cuidado estiró un papel y apareció la imagen de la Madre de Dios completamente limpia. Alegremente se la enseñó a mi hermana religiosa y le explicó:
"Cada noche desenvuelvo este icono y rezo delante de él. Sabes que yo no tengo a ningún ser que me quiera, ningún amigo, no tengo familiares, pero yo sé que la Madre de Dios está siempre conmigo. ¡Ella me ama!"
A mí me gusta tanto que la Virgen María en Ámsterdam dijera en su primera aparición del 25 de marzo de 1945, Fiesta de la Anunciación: "Me llamarán Madre." Porque todos necesitamos el amor y los cuidados de una Madre. Cuidamos a muchos niños abandonados, que sin embargo tienen que crecer sin ese amor maternal. Los cuidados para con ellos es una tarea primordial en nuestra múltiple misión en la capital de Ucrania. ¡Pero no es tan fácil conquistar un corazón infantil tan duramente herido y rechazado! Debido a sus malas experiencias y a sus frecuentes desengaños, se han cerrado y se han vuelto desconfiados. La Madre de todos los Pueblos, a quien le encomendamos mucho todos estos niños, siempre nos ayuda visiblemente a encontrar un camino para llegar a su corazón.

Finalmente, un ejemplo simpático les mostrará como la Señora de todos los Pueblos también se las ha arreglado para que la conozcan en la policía de Kiev.
Debido a que Kiev es una ciudad grande y a que todas las personas que están a nuestro cuidado viven dispersas por todos los puntos cardinales, a veces tenemos que conducir con el automóvil muchos kilómetros. Y así puede suceder que vayamos muy rápido y la policía nos detenga, para cobrarnos una multa.
Y así sucedió que la hermana Martina Elizabeth regresaba de una visita a un enfermo, y la detuvieron nuevamente. Con razón le dijo severamente el policía: "Cuantas veces más va ha prometer Ud. que no volverá a conducir tan rápido? Podrá acordarse de que ya lo prometió cuatro veces." Efectivamente la hermana Martina Elizabeth podía acordarse del policía, pero de que ya la habían detenido cuatro veces y le pareció un poco exagerado. "No me cree?" dijo el policía. "Yo se lo voy a demostrar, acompáñeme al coche patrulla." Y alzando el parasol salieron cuatro estampitas de la Señora de todos los Pueblos! Ambos empezaron a reírse. Finalmente el policía le pidió una quinta estampita a la hermana misionera, esta vez personalmente para su esposa.

Me permiten llevarlos ahora a Kazajstán donde las hermana María Ana, en su misión de Sherbakty, próxima a la frontera con Siberia.

"Por favor, déjeme esta imagen!"

Hace poco tiempo que en nuestro pueblo murió un joven de 18 anos de tuberculosos, puesto que su madre no tenía los medios de pagarle el tratamiento en el hospital. La mujer vino a nuestra parroquia católica para pedirnos que la ayudáramos con los gastos del entierro, y nos contó lo siguiente: "Mi hijo tenía una estampita de la Señora de todos los Pueblos: Una vez al querer agradecerle a un señor que nos había ayudado, quería darle algo valioso, y pensé darle la estampita de la Señora de todos los Pueblos. Pero mi hijo, gravemente enfermo en cama me suplicó: "Por favor mamá, no le regales esta estampita, déjame esta imagen que me gusta tanto!"
Poco después él falleció lleno de paz, y su madre se alegra ahora de haberle concedido su último deseo.

"Yo maldigo desde la mañana hasta la noche"

Un día tocó una mujer a nuestra puerta y nos rogó: Oh, por favor me pueden dar nuevamente una estampita con la oración?. Toda mi vida he tenido la costumbre de maldecir desde la mañana hasta la noche. Desde que me dieron la imagen de la Virgen María, rezo diariamente esta oración, y ya no tengo la necesidad de maldecir. Pero la semana pasada tuve que regalar esa estampita a un señor que me había ayudado en una necesidad, y mi lengua empezó a maldecir nuevamente. Por favor, denme otra vez esa oración."

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