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Antonio Ideias, Portugal - Detalles
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“El camino de Rosario al Gólgota”

Testimonio de
Antonio Ideaias, Piloto de Portugal
La fuerza del amor que lo transforma todo

7ma Jornada Internacional de Oración en Amsterdam
6 - 8 de Mayo de 2005

Antonio Ideias, proveniente de Portugal vino para dar un testimonio conmovedor, cómo él tuvo que aprender, junto con su esposa, que la felicidad externa no basta en una pareja. El amor de una pareja feliz también conoce otras dimensiones - También la del dolor.

Fue a fines del verano del 2003, cuando a mi esposa le diagnosticaron un cáncer agresivo sin posibilidades de cura. Esta noticia nos llegó como un rayo en nuestras vidas. ¿Cómo era posible que un amor tan hermoso, el que habíamos vivido durante 18 años, culminara con algo tan terrible como esto? En ese momento no éramos cristianos practicantes, porque 8 años atrás nos habíamos retirado de la Iglesia Católica. Simplemente, queríamos vivir bien siguiendo nuestras conciencias y, también estábamos convencidos de que realmente lo hacíamos. ¡Al menos, así lo creíamos!

Todo había empezado de una forma tan hermosa. Cuando por primera vez nos vimos, yo tenía 15 años y Rosario 18. En la actualidad tengo 34 años. Fue – tal como se dice – “amor a primera vista” cuando nos sentamos el uno junto al otro en el cinema. Si bien aquella tarde no nos dijimos nada, a los dos meses ya éramos amigos. Transcurrirían otros 8 años antes de casarnos, y a decir verdad, en la Iglesia Católica. A pesar de que en ese tiempo pertenecíamos a una Iglesia Protestante, nuestras tradiciones familiares y nuestra educación Católica eran suficientemente fuertes para que recibiéramos esta inmerecida gracia de Dios. Después de dos años de matrimonio, el cielo nos hizo otro regalo: nuestra hija Mariana.

Cuando me ofrecieron a ir a Bélgica durante dos años, para allí trabajar como instructor de pilotos para los F 16, nos fuimos los tres juntos. Mientras trabajaba, Rosario cuidaba de nuestra hija pequeña como una madre abnegada. Debido a que todo giraba en torno a nosotros, estos dos años transcurrieron casi exclusivamente entre los vuelos y nuestra familia: juegos, viajes, trabajo. En nuestro tiempo libre, de buen grado visitábamos iglesias, pero no porque teníamos la intención de crecer en nuestra fe, sino simplemente por ser aficionados a las bellas artes ya que mi esposa era artista. Desde luego - como cualquier otro matrimonio en el mundo - también nosotros teníamos altos y bajos. Sin embargo, el primer verdadero sufrimiento purificador llegó a nuestras vidas, solamente cuando Rosario sufrió un aborto y necesitó casi un año para recuperarse. Este dolor nos unió aún más profundamente. Pero tengo que decir, en aquel tiempo aún no habíamos encontrado nuestro camino de retorno a Dios. Solía decir una única oración antes de ir al trabajo. Con una rodilla doblada en el umbral de la casa, rápidamente ofrecía mi día a Dios. Siempre teníamos la Biblia al lado de nuestra cama y en la noche solíamos leer algunas líneas. Eso era todo.

Cuando regresamos a Portugal, Rosario trabajó nuevamente como maestra de arte y yo como piloto. En efecto, pasado un año, dejé la Fuerza Aérea con la finalidad de trabajar en una empresa aérea portuguesa y así ganar más dinero y poder estar más tiempo en casa. Mariana era feliz y construimos una casa cerca de una bahía. Simplemente, todo marchaba muy bien. Hasta que en el verano del 2003 repentinamente ¡se declaró el cáncer!

La primera reacción fue: como hombre fuerte tener que mantener todo bajo control, ayudando a Mariana, Rosario y a la familia. Pero la desesperación, tristeza, incomprensión y la incapacidad de aceptar todo eso, eran un peso enorme para mí y sobre todo para Rosario que no podía soportar ninguna visita, porque tenía el sentimiento que todos estaban ahí para despedirse de ella. En el transcurso de dos semanas, su abdomen se inflamó de tal manera, que daba la impresión estar en el noveno mes de embarazo. Luego empezó la quimioterapia. Entonces me acordé lo que los protestantes nos habían enseñado: ¡Dios sana! Le llevé algunos libros y casetes al hospital y empezamos a leer juntos una hermosa historia de la conversión de una pareja protestante, a pesar de que Rosario sufría dolores agudos y tenía que tomar dosis tan fuertes de medicamentos que casi perdía el conocimiento. Gracias a Dios, pude estar con ella casi las 24 horas del día. Solamente entremedias, corría a casa, visitaba a mi familia, jugaba con Mariana y le daba el beso de las buenas noches.
Un día vino una mujer, que ayudaba en la capilla del hospital, a visitar a Rosario. Le dijimos que teníamos el deseo que nos procurara un sacerdote, también nos trajo buenos libros religiosos católicos. No transcurrió mucho tiempo hasta que ambos regresamos a nuestra Iglesia Católica. Pasábamos horas enteras conversando con ese sacerdote hasta el punto, de recibir diariamente la sagrada comunión con un gran sentido de agradecimiento. Apenas su condición lo permitió, llevaba a Rosario a la santa Misa. E hicimos algo más: nos pedimos mutuamente perdón. Le pedí perdón a Rosario y ella me pidió perdón por todas las faltas de amor verdadero, que recién en ese momento pudimos reconocer en relación con “nuestra buena vida” que con derecho habíamos creído tener. Las puertas estaban abiertas para nosotros, para empezar una verdadera vida en Jesús. Había empezado el gran milagro: LA FE.
Con frecuencia Rosario repetía: “Tenía todo para ser feliz, y no lo era. Ahora que tengo todo para ser infeliz, soy feliz”. ¡Ahora éramos nosotros dos los que teníamos la capacidad para dar fuerza y paz a los demás! Y Rosario no solamente soportó todo con resignación, sino que ofreció todos los dolores externos y los terribles efectos físicos de la quimioterapia en unión con Jesús. ¡No, eso no era suficiente! Sino que llena de confianza, fue capaz de ponerme a mí, a Mariana, a nuestra familia y todos los bellos planes que teníamos para el futuro completamente en Dios.
Y lo absolutamente inesperado ocurrió: contra toda expectativa de los doctores, el cáncer paró de crecer y lentamente empezó a desaparecer, de esta manera, al cabo de un mes y medio, el diagnóstico de Rosario fue que estaba completamente curada y la dieron de alta. Entonces, ella regresó a nuestro hogar y yo me reincorporé al trabajo. Los siguientes siete meses fueron los más hermosos de los 18 años en que estuvimos juntos: misa diaria, “Horarum Liturgia”, (Liturgia de las Horas) el rosario, la hora de la divina misericordia, juntos adorábamos al Santísimo en silencio, grupo de oración, la vida familiar con las ocupaciones de casa y mi trabajo como piloto. Fueron siete meses de la vida de aquella familia Católica, gracia que mi esposa había recibido como respuesta a sus oraciones.

Sin embargo, un buen medio año más tarde, de un momento a otro, Rosario sintió un acceso de dolor. Nuevamente era el cáncer, y tan agresivo como el anterior. ¡Esto no fue nada fácil para nosotros! Pero esta vez sabíamos que estábamos por completo en las manos de Dios y no teníamos miedo. Fue a principios de Abril del 2004, durante la Cuaresma, y puedo decir que: ahora estábamos concientes que íbamos con Jesús camino al Gólgota, al mismo tiempo, podíamos sentir la magnitud de Dios y también su amor purificador. Esta vez no hubo restricciones para las visitas. Antes bien todos experimentaban la paz que ambos teníamos en la habitación. Terminados los 40 días de Cuaresma, vino el 6 de Mayo – exactamente hoy un año atrás – y yo comprendí que Rosario no pasaría con vida la noche. Dos sacerdotes nos acompañaron durante la noche. Luego, estando a solas, mi esposa falleció. Sencillamente, respiró por última vez y no me es posible describir la paz con la cual ella partió - con María, para ver cara a cara a nuestro amado Señor.

Permítanme que en pocas palabras ahora también les cuente, cómo María, la Madre, llegó a nuestras vidas:
Durante los muchos años que Rosario y yo estuvimos distanciados de la Iglesia Católica, la Virgen María me era totalmente extraña, sencillamente ella era una mujer normal como cualquier otra. ¡El tan sólo decir esto aquí, me hace sufrir! En aquel tiempo, cuando empezó la enfermedad de mi esposa, un amigo me regaló un rosario y en mi desesperación empecé a rezarlo: una y otra vez, día y noche. Y yo sentía tan presente a la Madre, de una manera muy suave y discreta. Y así ha permanecido hasta el día de hoy: todos los días yo rezo el rosario, a veces inclusive varios al día y la Madre está ahí, delicada y discreta. Siento su cercanía, la que me protege, me conduce y constantemente me llama a la conversión. Mi relación con ella creció en forma silenciosa, en aquel tiempo, al estar nosotros en el hospital, cuando empezamos a leer sobre ella y sobre todo al rezar.
Luego, en Febrero del 2004, cuando mi esposa nuevamente estuvo en casa tras su curación extraordinaria, en un viaje que hice al extranjero, conocí a la Señora de todos los Pueblos en la Iglesia de San Agustín en Barcelona. La primera impresión que tuve de todo esto fue muy peculiar, porque nunca antes había visto una imagen semejante: ¡María tan joven, los cabellos rizados, “que un día era María” y Amsterdam! Pero como yo ya había aprendido que con frecuencia nosotros mismos solemos ser nuestro propio obstáculo en nuestra vida espiritual, le di a todo esto una oportunidad. Más aún, rezaba la oración y guardé la estampa con la oración en mi diario de navegación, donde registraba mis vuelos diarios. Desde ese momento, la Madre de todos los Pueblos estaba siempre conmigo y verdaderamente sentía que ella me empujaba hacia la fe.
6 Meses después de Barcelona, al mismo tiempo exactamente tres meses tras la muerte de mi esposa, finalmente vine acá a Amsterdam, el 6 de agosto del año pasado, yo visité la capilla de las gracias y permanecí largo tiempo en oración.
Sí, la oración ha surtido efecto sobre todo y aún sigue surtiendo de forma tal, que desde la muerte de Rosario, en realidad no sufro por falta de amor. Me parece que este es un regalo que me viene de la adoración en silencio al Santísimo. Simplemente, yo permanezco con ÉL, lo amo a ÉL, y Él me ama; al mismo tiempo me siento lleno del mismo amor con el que yo siempre amé a mi esposa. Cuando con frecuencia yo no siento Su amor ardiente en mi corazón, entonces el Señor se lleva este sentimiento sólo para que yo crezca espiritualmente. Y me pregunto ¿No es esto también amor?
Estoy seguro que también les interesará saber cómo le va a mi hija Mariana. Ciertamente que para la niña todo cambió desde la muerte de su madre. Desde el principio, permití que ella participara en todo y le expliqué todo desde la perspectiva cristiana. Ella vio el cuerpo de su madre difunta y estuvo en el funeral. Mariana, naturalmente, echa de menos a su madre pero es una niña alegre, llena de temperamento. Una vez, viendo fuegos artificiales con su tía, ella dijo: “Quiero ver un fuego artificial en forma de corazón. ¡Se lo pediré a mi mamá!”. Efectivamente, la siguiente bala luminosa explotó en forma de corazón. Mariana saltó de gozo.
Desde el principio era conciente de que: lo mejor que puedo dar a mi hija, es mi presencia, que ella tiene a su padre cerca de sí. Pero como piloto, con mucha frecuencia tengo que viajar. De esta manera acepté la proposición de ser el director de un centro dedicado a la recuperación de drogadictos. Al mismo tiempo reconocí en esto como un llamado de Jesús y de María para dedicarme más a los que sufren. Ya durante la primera estadía de Rosario en el hospital, me ofrecí a Dios por completo y sin reservas. Luego de su curación, considerábamos la idea que debería de hacerme diácono permanente. Inclusive, asistimos juntos a un curso de teología. Tras la muerte de Rosario, en mi corazón creció el deseo de ser sacerdote. ¡Dios sabe qué es lo mejor!
Yo rezo y también os pido a vosotros recéis por Mariana y por mi, para que no seamos ningún un obstáculo a la gracia de Dios. También estoy completamente seguro que alguien me ayudará, es la Madre de Dios, cuya cercanía la puedo sentir con suavidad y dulzura, a pesar de ser tan poderosa. Sin embargo, ella es tan sencilla y le pido:
“¡Sé tú mi luz y mi guía, madre querida!”.
¡Sí, Jesús vive a yo ansío que Él viva en mí!

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